Tradición balnearia

Las termas romanas

Los primeros antecedentes asturianos de la Talasoterapia los encontramos en Gijón, en las termas romanas de Campo Valdés, lugar utilizado por los romanos por sus efectos higiénicos, así como por su acción beneficiosa ante múltiples afecciones como el reumatismo, la artritis o la obesidad. Las termas romanas de Gijón fueron halladas en 1903 y se encuentran a sólo unos pasos de la Playa de San Lorenzo, junto a la Iglesia de San Pedro, fuera de la muralla exterior del barrio alto de Cimadevilla. En la actualidad estas termas se han convertido en "museo de sitio" y son visitadas cada año por miles de personas.

Los baños de Isabel II

El mar siempre ha estado ahí y su relación con el hombre siempre ha sido intensa. En 1845 en el "Diccionario de Madoz" el autor del artículo de Gijón señala las playas de Pando y San Lorenzo como lugares de baño. Asimismo, Junquera Huergo señala en otra publicación, en 1850, que los forasteros visitaban Gijón para tomar baños marinos. A pesar de que los primeros balnearios de Gijón no se inauguraron hasta 1874, la ciudad era ya mucho antes un referente del "turismo salado". Esta importancia se demostró ya en 1858 cuando la Reina Isabel II visitó la ciudad para tomar baños de mar. Más tarde, en 1877, le seguiría Alfonso XII.

De las casetas a los balnearios

En 1851 Gijón ya contaba con servicio de casetas o casas de baños, pero hasta 1874 no se instalaron los primeros balnearios. Durante varios años algunos empresarios locales y extranjeros habían solicitado los permisos de construcción, pero éstos no llegaron hasta 1874. Los primeros proyectos fueron los de Justo del Castillo en la playa de San Lorenzo y el Faustino Fernández en la playa de Pando. En 1886 un temporal arruinó el establecimiento de Justo del Castillo y ese mismo año el empresario gijonés, con la ayuda de otros promotores, logra otra concesión e inaugura otro balneario: "Las Carolinas". Más tarde, entre 1893 y 1907 se construyeron otros cuatro: "Baños de Ola", "La Sultana", "La Cantábrica" y "La Favorita". Los balnearios se convertían en lugar de encuentro y disfrute para los gijoneses. Mientras "Las Carolinas" reunía a los miembros de la alta sociedad y a los más pudientes, "La Cantábrica", ubicada detrás de la Iglesia de San Pedro, junto al Club de Regatas, congregaba a aquellos con menos recursos.

Los trenes "botijo"

Gijón descubrió la talasoterapia como reclamo turístico a principios del pasado siglo. Los gijoneses ya disfrutaban de los baños marinos, pero fue a partir de entonces cuando se dieron cuenta del potencial. Aunque en 1912 en la Guía de Gijón ya se realizaba una apología del "clima" y "los baños de mar", el impulso definitivo no tuvo lugar hasta finales de los años 20, con la mejora de las comunicaciones, sobre todo, del ferrocarril. En 1930 ya se vendían billetes especiales Madrid-Gijón, eran los trenes "botijo", creados exclusivamente para atraer bañistas a la playa. A los turistas se les ofertaba además de los baños marinos, una vista a Candamo y otra a Covadonga. El tren, el rápido, sólo tardaba en cubrir los 500 kilómetros de vía 12 horas.

Una oferta variada hasta el cierre

Los balnerarios, como "La Favorita" o "Las Carolinas" ofrecían a sus clientes distintos servicios como los baños de ola (0,50 pesetas), los de algas y de carqueixa (1,75 pesetas), los chorros y duchas frías y calientes, pero también las sábanas de felpa (0,35 pesetas), las toallas, los trajes de baño, el jabón o las alpargatas. Desde 1913 y hasta 1935 el fenómeno balneario tuvo su declive. Los cierres primero de "La Sultana" y "Baños de Ola" precedieron el fin de "La Cantábrica" en 1926. En 1936 "La Favorita" y "Las Carolinas" fueron incendiadas. Con la llegada de la Guerra Civil los balnearios dejaron de tener sentido y las visitas a la playa perderían su motivo terapéutico. Las sombrillas en el arenal se imponían a las casetas y los lugares de baño dejaban de ser lugar de reunión.

 

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